Anaïs, Colin y la arena

Texto Dramático 2012

Montaje Teatral 2013, Perú:

 

 

 

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Sinopsis:

La arena que le trepa a uno en los ojos cuando el viento nace desde el suelo, es la misma arena, el mismo peso, que necesitan Anaïs y Colin para darse cuenta de que la vida, juntos, se les marcha en un soplo inesperado, aunque en tal soplo tengan tiempo, a veces, para disentir de la longitud de sus años y del modo en que éstos acontecen para ambos.

Y, desde que se conocieron encerrados en la cabina de un ascensor hasta charlar sentados en las butacas de su salón sobre cómo recibirán la muerte de uno y otro, siempre han debido procurarse la misma mentira o han cuidado de la misma ilusión para proseguir viendo cómo se hunden y entrelazan sus cimientos en una tierra conjunta de edad, hechos, concesiones y besos.

Así, Anaïs y Colin siempre se han valido de preguntarse el uno al otro: ¬“¿Recuerdas cuando llenábamos la casa de arena antes de salir de vacaciones?” y poco a poco, con paciencia, hasta ellos mismos comprenden por qué y cómo nació aquello.

La arena les valió toda una historia, porque citando a Louis-Ferdinand Céline en Viaje al fin de la noche “Enamorarse no es nada, permanecer juntos es lo difícil”.

 

 

 

 


 

Introducción:

El largo brazo de los espectáculos de ocio en la ciudad martillea con repetida contundencia, e incluso en unas sociedades más que en otras, el abotagado, siniestro, resto humano que tiende a desplazarse dentro de nosotros y que lleva consigo el silencio propio de un condenado. Pero y sin embargo, con altivo ahínco, late aún cuán quilos de tierra le pesen encima, con el rostro oscurecido y los dientes blandos para que no le molesten al respirar tan abajo. Adaptado, camaleónico, casi desfigurado o desfigurado del todo en muchos casos, el resto humano encaja un puñetazo tras otro sin tomarse la molestia de evitar los agudos filos de la anestesia inoculada por dedos maquiavélicos. Ocio, ocio y ocio, cuando no trabajo. Así, la ciudad y sus referentes de entretenimiento taladran con sumo mimo la sien sentenciada de quien se adhiere a ellos, sepultando gran parte de aquella nuestra capacidad que convierte lo animal en humano, que convierte la existencia, el sino, en un ejercicio tridimensional y no únicamente de fondo.

¿Qué tiene que ver todo esto con la propuesta de un montaje teatral como Anaïs, Colin y la arena? Tal vez todo, o tal vez nada, dependiendo de la lectura que uno quiera hacer cuando se levante de su butaca. No obstante, y a razón de este prólogo, resulta imprescindible dilucidar en esta breve introducción el material axiomático con el que toma cuerpo este breve montaje y que fue, y será, el mismo que en trabajos anteriores o futuros.

No existe una enumeración precisa de dicho material en un tan escueto espacio como éste, ni esquematizaremos la introducción a fin de posibilitar en mayor grado el entendimiento ajeno, únicamente nos quedaremos con el esbozo de principios expuesto en el primer párrafo, cuya esencia nos permite zanjar aquí el objeto de esta introducción.

Anaïs, Colin y la arena no está concebido para servir a un ejercicio de fondo, plano e inercial, sino para formar parte del propio y personal ejercicio tridimensional que cada uno ha de desarrollar y de sufrir, invitando a la especulación, al diálogo y al encuentro consigo mismo, al encuentro con aquel rostro oscuro y de dientes blandos del que tanto nos desprendemos al vivir en la ciudad y en su ocio. Y todo ello, realizado desde la más pura adaptación camaleónica que mencionamos con anterioridad, es decir, confeccionando y proponiendo un montaje ágil, sencillo, que pudiese parecer rápido (no más de 40 minutos) para comulgar con el ser atareado de ciudad, sin requisitos técnicos, sin ostentaciones escénicas, profundo pero llano, y con dos únicos actores sosteniendo arterialmente una energía teatral que envolverá al espectador en una atmósfera limitada, recogida e intensa.

 


 

Algunas escenas:

 

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ANAÏS
El mundo va a continuar ahí. De un modo u otro. Tanto miedo el tuyo.

COLIN
Siempre me reprocharé haberte dado un poco de mí, en cambio, si te murieses ahora mismo, aquí, a mi lado, querría subir mucho más el volumen del televisor para no escuchar afuera el día y esperaría a que te fueses descomponiendo mosca a mosca, olerte por última vez durante muchos siglos. Tú has sido tan larga… que no podría soportar el dolor de que te amputasen de mí.

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***

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 COLIN
¿Federico?

ANAÏS
Sí, ¿no te gusta?

COLIN
Sí, sí, la verdad es que sí, genial.Federico. ¡No me lo creo, mi vida! Voy a ser padre de un Fellini o de un Lorca.

ANAÏS
¡Sí! Vamos a ser padres. Ay dios, que bien tu reacción. No sabes qué infierno he pasado desde que me enteré.

 

 

 

 


 

 

 

 

ANAÏS
¿Recuerdas cuando llenábamos la casa de arena antes de salir de vacaciones?

COLIN
No, no lo recuerdo. ¿Puedes subir un poco más el volumen?

ANAÏS
¿De qué? ¿Del televisor? ¿Pero acaso lo estás viendo? A mí me gustaba aquel entonces.

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***

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COLIN
Ni tú ni nadie entenderá el mundo como yo lo enfoco. Ni tú ni nadie entenderá que por este tipo de discusiones el gusano puede seguir dentro de la manzana, y el mundo es la manzana y tú y tu carácter sois su carne y el gusano somos todos fagocitándonos nuestra propia carne. Me voy Anaïs, las paredes de esta casa se me vienen encima.

ANAÏS
¿No vas a sacar a Zafón? ¿A dónde vas?

 

 

 


 

Puesta en escena:

El teatro inunda nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros sentidos todos al fin y al cabo, invadiendo, sin duda, cierta parcela correspondiente a la imaginación. Así,  la puesta en escena delimita de un modo violento, más que ningún otro género literario, las posibilidades de configuración contextual de un mensaje. Es decir, al abordar un texto, uno ha de dibujar el rostro de cada uno de sus personajes y ponerle el tono de voz más apropiado, al igual que otro sin fin de atmósferas adyacentes, lo que permite una interpretación personal y subjetiva de aquello que recibimos, y cuyo despliegue tiene mucho que ver con aquello que definimos como “lo poético”, ya que conlleva la traslación de lo externo a lo interno, dando la clave del gusto por el hermetismo lírico. Es decir, el uso de la imaginación es la llave de un mayor o menor grado de identificación con aquello que estamos recibiendo. No es de tal modo en el teatro, donde nos vemos obligados a recortar parte de las facultades de nuestra imaginación, sometiéndola al acto de nuestros sentidos y habiendo de aceptar el rapto temporal de ella para configurar la plasticidad de la diégesis. Ante tal hecho, y sin adentrarnos en esta ocasión en un mayor sentido de éste, ¿cómo acotar en la menor medida posible el hecho interpretativo del texto correspondiente a las entrañas de cada uno?

Para ello, nosotros apostamos por potenciar lo simbólico, la metáfora, sin dar mayor relieve a la plasticidad escénica que en su componente simbólico, subrayando, por tanto, el hecho del texto, y obligando así al espectador a participar imaginativamente del mismo modo que en el caso de que estuviese leyendo sin olvidar que estamos ante un ejercicio sensitivo, es decir, en nuestra propuesta escénica tratamos de crear los puentes necesarios que permitan cruzar al espectador desde su interior a lo puesto en escena, descifrando esto último desde su interioridad, sin que ésta haya de verse anulada por los sentidos, pero imbricada en una serie de claves recogidas por tales sentidos y que hacen funcionar el conjunto espectador-espectáculo, colocando a  ambos en una posición equidistante respecto a una legitima descodificación del símbolo.

Aplicando dichos principios a nuestra obra Anaïs, Colin y la arena, creímos oportuno simbolizar aquello que consideramos como sagrado en el montaje: el tiempo y el juego de cesiones y estrategia que en él se desarrollan para dar cabida a otro ser humano en uno mismo. Para ello, utilizamos un ajedrez, ya que permite mostrar cuántas figuras tienen en cada momento de su vida los personajes, sirviendo entonces como dato orientativamente temporal, pero ante todo nos autoriza a simbolizar la esencia de la obra: ¿cuánto hay que dejarse ganar, cuánto hay que ceder, cuánto hay que imponer, para mantenerse unidos toda una vida? Ello provoca preguntarnos, ¿es esto el amor? ¿Cuánto daño ha hecho “Disney” (generalizando) idealizando y distorsionando la condena del hombre a entenderse?

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El texto:

Anaïs, Colin y la arena está narrada en un solo acto y puede considerarse un texto dramático menor por su extensión, ya que su tiempo de representación no supera los  60 minutos. Para el despliegue de su contenido y el desarrollo de sus personajes utiliza el tiempo de un modo inverso al real, colocando el inicio de la acción cuando ambos protagonistas están contemplando ya cerca el final de sus días, sobrevolando posteriormente, a lo largo de la obra,  la deconstrucción de su relación hasta el momento inicial de ésta. Asistimos, para ello, a un desencadenamiento de escenas breves y ágiles que exponen un conflicto puntual, cuyo nudo es atravesado y abordado en cada etapa de la vida de ambos personajes por diferentes modos de actuar aunque latiendo siempre unas mismas personalidades con capacidad de evolución. Esto nos permite ir siendo conscientes de por qué fue así el momento posterior de la pareja y nos hace encajar las piezas del rompecabezas “a posteriori”, una vez que concluye la obra y vemos el principio de la relación, comprendiendo el total de sus pasos, obteniendo al final las claves de la dirección de su crecimiento completo que vimos al inicio de la obra.  Esta recesión en la edad de los personajes y por tanto, de su relación, hemos indicado anteriormente utilizar escenas breves que abordan momentos puntuales de su vida, pero cuyo desarrollo no es precedido por ninguna pausa, siendo así que el contexto de lo tratado ha de definir por sí mismo, y sin mayor apoyo escénico que la ajedrez y el código interpretativo de ambos actores, la edad y la época de la relación.

Respecto al trazo de los temas tratados, hemos de destacar nuestra invitación a la reflexión sobre cómo un ser humano ha de entenderse con otro  y en qué medida han de medirse, adaptarse y aceptarse a fin de continuar unidos, dejando caer finalmente la pregunta de si esto merece la pena o no. Como es lógico, nosotros mostramos un solo caso concreto donde los personajes están construidos con unos perfiles psicológicos característicos y por tanto, no exponen, ni tienen aspiración, de un modo universal, lo ancho y dinámico que es la sociabilidad humana, ajustándose al humilde cometido de invitar a pensar sobre ello.

Sumergido ante lo anteriormente enunciado, pero de vital relevancia, encontramos que el perfil psicológico con el que están construidos los personajes esboza ciertos valores y conductas humanas que generan una posible especulación en torno a la especificidad del género y su adjunta adquisición social de ciertos patrones de conducta generalizada. Y dado, que consideramos el género y sus conductas adquiridas como una artificiosidad social que nos subyuga a sentirlas como conductas adscritas en nuestras diferentes naturalezas, creemos poder invertir en la función que nos plazca el género del personaje, en un intento por mostrar que Anaïs es tan válida dentro de unos rasgos físicos masculinos como Colin dentro de unos rasgos femeninos.

Descarga el texto completo en la sección Biblioteca/Afer, Moisés. 


 

Reparto:

CHELA LÓPEZ. Anaïs o Colin.

 

Nace en Lima en 1987, donde comienza pronto a trabajar en  obras de teatro como actriz principal y secundaria, en productoras como Dejavu y Primer Acto, así como en el Teatro Julieta, Montecarlo y Mocha Graña. Ha realizado obras musicales como Jesucristo Superstar, West Side Story y El Rey León. Además, ha realizado obras de texto como El Diluvio que se viene y Almas de un día claro. Para concluir, tiene experiencia en canto como solista en el Coro Preludio.

Actualmente, trabaja como comunicadora social y completa su formación en el programa de Actuación Profesional del Centro de Formación Actoral Aranwa.

 

 

 

 

ALEJANDRO MORALES. Colin o Anaïs.

 

Nace en Madrid donde comienza su formación interpretativa realizando diferentes cursos monográficos como Doblaje, Nuevas Técnicas de Interpretación y Clown, entre otros. Desde su comienzo, en 1999, ha intervenido en el rodaje de varios cortometrajes y ha formado parte de diferentes grupos de teatro. Ha participado en España en numerosos montajes teatrales entre los que destaca Cuestión de Suerte (2012), El Rincón (2011),  Irene, o el tesoro (2010), El veneno del Teatro (2009), Los intereses creados (2008), Luces de Bohemia (2007), etc.

Actualmente es el presidente de la Asociación Tarán-Tula-Teatro (Madrid, España), de la cual es socio fundador.

 

 

 

 


 

Ficha artística:

 

Autoría, dirección y escenografía:

MOISÉS AFER

  

Promoción, distribución y contrataciones:

MILAGRO OLIVARES.

 

Música de la obra:

NIKO HAFKENSCHEID.

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Fotografía:

ANDREA CABRERA