Salinero. Escala 1.100

Año 2010

Sinopsis:

En Salinero se sabe que el cielo es cielo cuando tiene encima el peso de un naranja uniforme. Entonces, sus habitantes, se deslizan tumultuosos entre las venas incendiadas de una ciudad hecha de luna y de electricidad, matando el ruido de entre sus calles cuando una cierta claridad comienza a inundar las cristaleras de los rascacielos. La empresa Bonaparte, que introdujo las primeras líneas de luz en Salinero, supo hacer para sus hijos una ciudad entera como recreo, y poco a poco, o no tan poco a poco, le dio la vuelta al orden natural de la vida con la excusa del progreso. Vetados de un cielo azul, en Salinero, sus ciudadanos, cavan y dialogan como en cualquier otra ciudad. Así, Mikel mantiene su negocio junto a sus chicos, aunque esto le cueste de vez en cuando bajas de cuyo rescate no se podían calcular las dimensiones, y es que no se puede estar a todo, y menos cuando a uno le absorben asuntos personales. Pero, ¿y qué? siempre puede ocurrir que una mujer, Francesca, deje a un hombre, Silvio, porque le gusta hincharse de orfidales que le apagan el estómago y le ayudan a sobrellevar el hosco ambiente que se ciñe alrededor de su padre, para quien Silvio ha encontrado un sicario altruista con afán de darle mejor vida por mediación de Vegas. Y es que siempre puede ocurrir que aunque una mujer, Mona, deje a un hombre, Vegas, no se acabe el mundo, sino que se escuche el latir de otro, donde no cabe ni Silvio, ni Mikel ni nadie que no sea Serena. Y todo sigue igual, igual de intranscendente que siempre, porque él, él que ahora son muchos nombres, sigue alrededor de ella, de ellas que son ahora muchos nombres, y de sus mismas preocupaciones, y Nivea, sutil como nunca, se descuelga entre los capítulos para hacernos entender que no habrá una solución eterna y que las obsesiones siguen siendo obsesiones aunque traten de pintarse de otro color. En Salinero el ocaso anuncia el mañana ¿Esperanzador o apocalíptico?

 


 

Comentario personal:

Salinero. Escala 1:100 es la novela más completa que he llevado a cabo hasta el día de hoy. Fruto del trabajo de un año y medio, ella es el resultado de haber conjugado el lirismo de las novelas anteriores con el realismo que exige la narración de cualquier trama, por lo que se le da terrenidad al texto en mucho de sus aspectos mientras que a la vez se potencia la fuerza de las imágenes al contenerlas de modo más exigente que en los trabajos anteriores. En Salinero ya no sólo nos encontramos con una única voz, sino que sus capítulos, de mayor extensión, alternan entre la serie de voces de los personajes cuya exposición se aborda desde diferentes narradores habiendo ampliado en ella los márgenes tanto de la redacción como de las tramas.

Salinero es el nombre de la ciudad, una ciudad que flota en una realidad distinta a ésta pero que no por ello significa que su invención no tenga nada que ver con lo humano, porque Salinero es la prueba de una humanidad que degenera sus hábitos en busca de saciar una avaricia, que como valor universal del hombre, destruye con ritmo de martillo la constancia de nuestro entorno y el respeto que deberíamos de sentir hacia él. En Salinero la vida se hace de noche y este marco tan peculiar se filtra entre las vidas de los personajes que conviven con ello dándole al lector una sensación de extrañeza pero no de rechazo. En la ciudad se entrelazan la vida de Silvio, Francesca, Vegas, Serena, Mikel, Agato, Bonaparte, Melisa, y un largo etc. que dan vida a la ciudad. Si en Metrópolis la ciudad es onírica, en Salinero lo onírico es pensar que la ciudad no existe. Por ello sirve de escenario para narrar, por ejemplo, la elocuencia del poder de La Empresa que controla el suministro de luz y cómo ésta conduce a sus ciudadanos a vivir de noche, o para describir la enfermedad tildada de psicológica que merma de forma tan común hoy al habitante de cualquier ciudad. También sirve para ver cómo nacen relaciones por compasión, por rencor, por intereses obsesivos o por compromisos involuntarios. Hay por tanto en ella, crueldad, algo de ingenuidad, milimétrica emocionalidad y bastante de cotidianidad disfrazada de noche.

Para cerrar la descripción de Salinero. Escala 1.100 expresar que ésta es la antesala de mi nuevo proyecto, donde crear el escenario con peculiaridad, con vida, es tan importante como narrar con elegancia los diferentes argumentos, así como el trasladar al papel tanto las motivaciones incongruentes de la imaginación como la vida misma que le arrastra a uno al escritorio desde donde escribe su obra. En Salinero aparece una vez más la idea de Nívea, y esto se debe a que, aunque firmemente decidido a alejarme de la novela de corte pseudo- autobiográfico, la literatura no es una historia sin más, es la historia de la vida de su autor disfrazada en uno u otro grado.

 


 

Breve lectura:

…OBERTURA:

Mikel y Silvio acaban de estar con Melisa en el cuarto del hostal donde la han alojado. Tras interesarse por su comodidad han dado paso al plato fuerte. Melisa cree que su padre murió hace unos meses. Ellos así lo siguen manteniendo. Pero Andrea Perloti está correteando con su silla entre la cocina y el salón de su casa. Por lo tanto, no pueden permitir que ella les acompañe hasta el Barrio de Salamanca. Melisa ha de quedarse en el hostal y no saben bien cómo hacerlo. Un testigo de asesinato es siempre o un cómplice o un cadáver más. Y Mikel apenas conoce a Melisa más allá de una simple conversación telefónica como para poder prever su reacción ante el estruendo de un balazo sobre el cuerpo de Andrea. Ése es el plan de Silvio: liquidar a Andrea. Quitarle del medio un problema a Francesca. Mikel no dice nada, confía en él, y respecto a Francesca, tal como se la ha pintado Silvio, siente lástima. Cualquiera hubiese sentido compasión por ella de haber oído a hablar a Silvio. Es un dicharachero. Un Hitler sentimental. Con problemas de estatura, de egocentrismo y de ambición. Pero Mikel, sin saber por qué, ha encontrado en él a una persona que está por encima de él, y él lo necesitaba, necesitaba órdenes, necesitaba sentirse un pelele, necesitaba sentirse inferior para saborear el gusto de servir, y Silvio había llegado en el momento oportuno. Le puso y le quito sentimientos, Mikel no había de hacer nada. Sólo vigilar en aquella casa del Barrio de Salamanca hasta saber con detalle el último hábito de convivencia entre Andrea y Francesca. Y así fue.

Ahora Silvio distrae a Melisa colocándose de frente a Mikel. Melisa se gira para seguir chillando a Silvio instándole a que le diga dónde demonios está Francesca. A la espalda de Melisa, Mikel moja un pañuelo con el pequeño frasco de cloroformo que llevaba en el bolsillo de su americana. Y entre las comisuras tensas de Melisa, Mikel aprieta su mano con el paño encima y una bocanada de picor y dulzor se cuela entre los dientes de Melisa. Sus párpados se caen y su cuerpo cede ante la fuerza de la gravedad alojada en su habitación. Los brazos de Mikel la sujetan a medio caer y el saco de huesos que es queda reposando sobre la cama mientras Silvio y Mikel se cercioran de que esté completamente dormida. Mikel hace subir a Yavin de la recepción y le ordena que cada hora le suministre a Melisa una pequeña dosis de cloroformo empapado en el pañuelo. Después, cuando le avisen, ha de hacerla despertar y entregarle una nota que ahora le dan. Silvio escribe: “Te esperamos en la calle Egon Schiele, número 234, escalera B, piso 4―D. Barrio de Salamanca. Salinero. Sentimos el retraso.”

Mikel parece discutir con Silvio, pero Yavin ya se ha marchado. Mikel le está recriminando a Silvio si es que acaso desea que Francesca y Melisa sean conscientes de quién ha asesinado a su padre. Eso, según Mikel, no les traerá más que problemas, y le recuerda las ganas que le tiene la policía. Mikel no quiere terminar entre rejas. Silvio, sin duda tampoco, pero es tal su egocentrismo que está dispuesto a arriesgarse tanto con tal de que las dos hermanas sepan quién les ha quitado aquel peso de encima. Melisa le pone cachondo. Le gustaría follársela ahora que no puede moverse. Tiene una cara de cerámica igual que su hermana. Y de sólo pensar que Francesca se moriría de celos al ver a su hermana Melisa correrse de gusto entre los brazos de Silvio, éste está a punto de bajarse los pantalones en la habitación. Mikel se percata de su erección y su cabreo es aún mayor. La pistola es suya. Quiere pegarle un tiro en la entrepierna a ver si continúa mandando sangre a aquel punto de su cuerpo en un momento tan delicado como éste. A Mikel también le da pena Melisa, pero él es ahora mismo un perro. Recibe órdenes. Y Silvio al fin parece haber salido de su fantasía transitoria así que su pantalón vuelve a ser raso y sus palabras melosas encandilan de nuevo a Mikel. Los dos salen por la puerta del hostal y se dirigen al Barrio de Salamanca. Es la hora de concluir el plan B de Silvio. Un plan más orgulloso que efectivo, pues Silvio ya no tiene deseo alguno de que Francesca vuelva con él y los motivos que le conducen a concluir su plan maquiavélico sólo debe de conocerlos la Santa Providencia, porque su psique tampoco llega a contemplarlos. Él cree que debería haber abandonado todo esto ya hace tiempo. Sólo le queda una solución. El final de su novela. El final de todo lo que está escribiendo. Necesita un final, y qué mejor que la realidad para que se lo relate por él. Debe de estar ya algo loco. Y Mikel se deja llevar.

Salinero es una ciudad pequeña. El silbido de las balas son una negra y cuatro semicorcheas. Perder la vida es mucho más rápido que un compás binario…

Breve fragmento extraído del capítulo “Llévame a pecar. Llévame a que dios me perdone. Ahora soy tuyo y tú mío. Ella es libre y vuela en un campo de caza. Dispárale ahora que la tienes a tiro y presenta tus respetos a su cadáver. Luego, marchémonos al fin.” de la novela Salinero. Escala 1.100.

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