Escombrera

Año 2008

 

Sinopsis:

Ella ahora ya no es sólo ella. Y él ahora ya no es sólo él. Ahora Nivea son muchas ellas y a la vez, más que nunca, ninguna. Todo sucede de forma más concisa, menos ostentosa, y es que la vida tiene la virtud de hacernos comprender la sencillez. Por eso él ya no habla únicamente de él y de Nivea y de ella o ellas, sino que le invaden otras voces que tratan de poner las alas en dirección a otros rincones diferentes de su espacio. Él no termina de despreocuparse y las mujeres, ellas, le continúan llenando la cabeza, en cambio, las dudas y la existencia tienen ahora un modo más accesible de acercarse a él, y ya no tan oscuro, continúa su viaje entre reflexiones e imágenes, entre Nivea y ellas, entre su mundo y en el que acontece. ¿Cuánto miden estos nuevos rincones?


 

Comentario personal:

Novela de extensión más breve pero de estructura más dinámica, dado el uso de voces multiplicadas. Con un estilo más definido, los capítulos pasan a ser aún más breves, llegando a ser incluso notas, sueños, imágenes, disertaciones desarrolladas al margen del hilo conductor, cuyo cuerpo en Escombrera se fracciona para encogerse en referencia a su importancia final, dando como resultado tres estratos donde se van a edificar las desiguales alturas a las que conducen cada una. Por mencionarlas brevemente: la obsesión del recuerdo de la relación con una mujer haciéndolo encajar en la mujer idealizada, en Nivea; un estado de embaucamiento pasional contemporáneo al de la escritura que hace al protagonista preguntarse si no es Nivea la mujer de quien narra; y una tercera mujer que engrandece a Nivea dándole nuevos atributos.

Es injusto por parte de este comentario personal realzar aquella zona de la obra más sujeta con alfileres, ya que, sin duda, en esta novela , camino ya de depurar las irregularidades de Metrópolis, se halla una prosa más armónica que destila el enrevesamiento de imágenes anteriores, potenciando la fluidez y tratando de conservar el lirismo en su medida. Como resultado Escombrera es una novela cuyas tramas confluyen en el nexo de la primera persona del protagonista (al igual que en Metrópolis) pero que se ve agilizada por la incursión de nuevas voces que se hacen cargo de las abstracciones para multiplicar escenarios. Rápida, obsesiva, liviana pero con la intención de relieve, Escombrera está escrita con el fin de sacar al lector del desarrollo estandarizado, poniendo a su servicio un programa de actuaciones, de teatros y de muñecas rusas, de historias dentro de historias.

 


 

Breve lectura:

…Comía flores a una hora muy temprana de la mañana. Decía que si no se comía al menos doscientos pétalos en el desayuno no era persona. Hace poco, no sé en qué reseña leí que Scott Fitzgerald al final de sus años bebía unas doscientas cervezas al día. Y yo pienso, al igual que lo pienso acerca del de los pétalos, ¿cómo son capaces de estirar tanto la piel de sus vientres para dar cabida a tal hinchazón de estómago? Porque doscientas cervezas, doscientos pétalos, son muchos doscientos/as de espacio. Existe la bilis, de acuerdo, y la orina, de acuerdo, pero aun así doscientos/as se hace un número incalculable para que todo funcione correctamente, en primer lugar porque el tiempo de una persona suele ser algo restringido y debe dedicarse a diferentes acciones a lo largo del día.

En fin, que comía pétalos para desayunar igual que otros comen cereales, para el caso todo queda en lo mismo, todo nos lo da nuestra madre tierra. Le dije: “no seas pesado, no vengas a hacerme propaganda acerca de la catástrofe venidera por el cambio climático. Ya, ya sé que las lluvias antes eran de plomo y hoy de acido, pero muchacho qué le vamos a hacer, las cosas cambian. Por cierto, tú en otoño e invierno ¿a qué te dedicas?”. “ Yo tiendo a invernar” me respondió, “entiéndeme no soy persona sin mi desayuno”. “Ya entiendo, debe de ser difícil.” “Es cómodo”. Seguí paseando por el jardín y su voz rebotó con un maldito eco que consiguió hasta hacerme un sutil daño en los oídos. Me giré y le maldije, y con toda razón. Quería irme a un bar y probar la elasticidad de la piel de mi vientre. Me dije para mí mismo: “si Scott siendo ya nada más que un saco de huesos alcohólico podía, yo que soy un muchacho de lo más joven y sin problemas dipsomaniacos podré de sobra. Además muchacho no te queda otra si quieres ser un gran escritor, ya que no sabes escribir bien ni tienes nada que escribir bien, lo único que te queda es crearte una vida de mierda para que al menos cuando te mueras no hablen de tus obras pero sí de tu vida. Es lo que hay. Ni más ni menos. Modigliani puro y duro. Fíjate en Paris fue un nido para todos ellos.”

Me froté los ojos, me agité algo el pelo y salté de la litera. Mi madre me acercó el teléfono para que respondiese la llamada. Eran buenas noticias, volvería seguramente a verla aquella noche.

Breve fragmento extraído del Capítulo tres de la novela Escombrera.