Escrito el 7 abril, 2013

Tengo una caja negra, una caja negra donde meter actores y actrices y marionetas y algún familiar que me pague por mirar. He pensado en servir vino y regular las bombillas como si estuviese haciéndolo desde una mesa de luces. He pensado en decir que se parece al Teatro Real e incluso hacer algún pequeño concierto de un cantautor. ¿Y todo para qué? Si ellos vendrán y pagarán y beberán y mirarán y nunca, nunca, escucharán.  Sin embargo, todo eso es muy parecido a no tener la caja negra, a excepción de la posibilidad de cobrar tres monedas por entrar a un rincón pintado de oscuro y comprar con ello una cerveza. Con sombra o sin sombra, me siento en la misma izquierda siendo un cero.